Recuerdos de… Hna. Visitación Bas Guerrero

En 1.975 llegué a España proveniente de América y me trasladaban al colegio de Alicante, pero por enfermedad de Hna. Fátima Tenza, por entonces directora del colegio de Murcia, me enviaron  a este centro para reemplazarla, donde estuve 6 años.

Me encontré un edificio precioso, recién estrenado, con un mobiliario antiguo, de la calle Cartagena, totalmente insuficiente y con escasos recursos económicos para adquirir otro.  La empresa de muebles MONFER en Murcia nos surtió, dándonos unas facilidades de pago  extraordinarias. Al poco tiempo, el colegio estaba arreglado: los pupitres a juego con las puertas de las clases, las sillas y la tarima de la sala de proyecciones, el salón de actos… Fue fácil, no hubo sufrimiento gracias a estas ayudas.

Como estábamos tan entusiasmadas, en el momento de decorar las aulas tuve la ayuda de todo el profesorado: fotografías de los alumnos, eran los niños los motivos de decoración de los pasillos del colegio. En el comedor pusimos motivos huertanos, ya que estábamos en plena huerta, no había calles alrededor. Por los pasillos aparecían macetones con geranios  que prendían muy bien y daban un colorido precioso. Las mamás traían plantas. Las señoritas Mª Dolores Guirao y Charo pintaron las pizarras de infantil con escenas típicas murcianos.

El aula de labor Hna. Antonia la tenía preciosa. El colegio estaba muy bonito. Siempre me he  preocupado mucho en los colegios donde he estado de que haya un ambiente alegre por la limpieza y la decoración. El terreno del patio se veía muy desarbolado. Con la ayuda de la Asociación de padres, cada niño llevaba un árbol y ellos mismos lo plantaban. Un padre del colegio plantó un árbol en recuerdo de su hijo que había fallecido por aquel tiempo.

Como directora del Centro, conté con la ayuda totalmente incondicional de la Asociación  de  padres. Era una relación de fraternidad la que había entre nosotros, nos unía un objetivo, que era la educación de los niños y todo lo que hacíamos era buscando el bien de ellos. Hacíamos unas obras de teatro divertidísimas: yo era la directora y los padres los actores. Una de ellas fue la representación del poema cómico el Conde Sisebuto (Tragedia medieval) Otra la hicimos de suspense, estilo Serlok Holmes: en ambiente inglés con asesinato, detectives y muerto incluido, que luego no era tan muerto. Los padres actuaban para los niños, el salón se llenaba de padres. Algunos niños sentían vergüenza de ver a sus padres hacer de cómicos, pero ellos eran los mejores humoristas y el mejor público que había, porque aplaudían como los que más. Joaquín Martínez Gómez era un gran actor, hizo de conde Sisebuto, Pedro López Guevara permanecía a mi lado para controlar el sonido y las luces, junto con Diego.

También se hacían partidos de fútbol entre padres y entre padres e hijos. Berenguer solía hacer de portero y en una ocasión se disfrazaron de chinos (ver foto en exposición) Colocó en una esquina de la portería  un porrón de vino, una ristra de longanizas y entre parada y parada se echaba un traguito y un trozo de longaniza ¡Qué poca formalidad!

Se hacían concursos organizados por la Asociación de padres: literarios, de teatro, etc. En cierta ocasión los padres organizaron un concurso de ajo y al ganador se le entregaba como premio una cabeza de ajos sujeta al cuello con una cinta con los colores de la  bandera española.

He tenido mucha suerte con las asociaciones de padres en los colegios don he estado, pero en Murcia era algo especial, porque había un sentido del humor fuera de serie. Aquellas meriendas de patatas hervidas con piel… Las organizaba la Asociación y  se invitaba a participar a los padres que querían: patatas cocías con piel l y el ajo que se había hecho para el concurso.

Los padres querían mucho  a la Hna. Eduvigis. Se llevó a las niñas andando a la Fuensanta. Les hizo chocolate a la brasa. Los padres contaron el episodio en  la junta y ¡Cómo nos reíamos! Las niñas decían: “Papá, estaba socarrao”.

Pasábamos necesidad, porque teníamos muchos gastos en el colegio, pero nos reíamos mucho. También sufrimos juntos. La puerta de entrada de cristal eran las dos puertas abatibles, pusimos una cadena para que los niños no las abrieran. Una niña pequeña  se quiso escapar, pegó un empujón y la puerta cayó. Gracias a Dios no le paso nada. Fue horrible ¡Qué disgusto tan grande! Pero siempre la Asociación de padres estaba ahí apoyando.

Había muy poquitos vecinos porque estábamos en plena huerta y  las casitas se encontraban diseminadas. Nos sentimos muy aceptadas por ellos. Nos recuerdan como una familia. Muchos domingos al terminar la misa, que la teníamos en casa, me iba a pasear por la huerta y la gente sentada en las puertas de sus casitas me invitaban a almorzar longaniza, pan, si hacían matanza. Nos decían: “Dígaselo a las hermanas y “se venís toas”. Hemos estado muy unidos desde siempre.

Desde nuestro carisma carmelita procuramos que La Comunidad Educativa sea una epifanía de la fraternidad y en Murcia  realmente lo era.

Hubo una época en que estaban de moda las pelucas postizas y una profesora llevaba una peluca monísima. Se la pedí, me la puse, al pie de la escalera estaba Antonio Ortiz, de mantenimiento, arreglando aquello. Le pregunté

– ¿Qué? ¿Arreglando las plantas?

– Sí, aquí trabajando ¡Coño, que no la había conocido!

Antonio barría, arreglaba las plantas, vigilaba un grupo de niños hasta que vinieran sus padres, y si tenía que ir al mercado a comprar, también lo hacía.

Fernando Guillamón era el capellán de la comunidad. Decía misa a los niños de vez en cuando.

D. Ángel era el párroco y nos pidió por un corto tiempo hacer de parroquia el salón. El día de S. Antón se abrió el salón ¡Qué escándalo! Todo lleno de animales ¡Era tan buena persona Don Ángel!

Hubo muchas innovaciones: El sistema educativo en España a mediados de los años setenta abogaba por la enseñanza mixta; como yo  venía un colegio americano (Puerto Rico) que era mixto desde infantil hasta 18 años me parecía estupendo. La riqueza que yo encontré en aquella enseñanza mixta, cómo niños y niñas se complementaban, me animó a implantarla en Murcia. Los mismos chicos hacían los decorados y ver la convivencia sana que había entre ellos, al favorecerlo las leyes, yo enseguida quise colegio mixto.

Sentí mucho salir de Murcia. No me esperaba el traslado. Salí llorando. Fui muy feliz en este colegio. Le tengo un recuerdo entrañable sobre todo por la alegría con que hemos vivido allí.

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