Recuerdos de… M. Dolores Gargallo Porras

Llegué al colegio con 3 años en 1.975. Todo era nuevo. La estructura del edificio me imponía. Me dio clase la Hna. Amor. Yo le tenía miedo porque nos gritaba mucho. Yo era muy tímida, le cogí miedo. Yo era de octubre, de las más grandecitas de mi clase. Ella le decía a mi madre que era tímida, muy respetuosa con todo el mundo y muy atenta. Aprendí muy pronto a leer y escribir. Yo era muy amiga de Mª del Mar Santiago Marín, Carmina (su madre) es mi segunda madre. Muchas veces he estado en su casa y alguna vez me he quedé al comedor.

Las clases de gimnasia nos gustaban muchísimo, tenía muchísimas actividades, material pata todo tipo de gimnasia rítmica, con Chelo.

 

Tengo muchísimos recuerdos de los preparativos  de la comunión aquí en el colegio. De 12 a 1 dábamos catequesis, eran unas catequesis muy bonicas, aparte de las clases de religión, que eran mucho más profundas de lo que son ahora. La directora era hermana. Había mucha unión, entre los compañeros hacíamos trabajos juntos, colaborábamos en las ayudas que nos pedían. Lo único que no me gustó, es más, me traumatizó, es que la hiciéramos de corto.

Yo me iba a portería a hablar con la Hna. Adela, porque era muy dulce. Una voz… Me acuerdo  mucho de ella. Con la directora me llevaba muy bien, Hna. Asunción y también con Hna. María Moreno. Me llevaba muy bien con todas las hermanas. Hna. Mari Carmen Aparicio exigía mucho. Se me daban mal las matemáticas y las aborrecí. Cada vez que me sacaba a la pizarra, era bronca segura: “¡Pero Gargallo! ¿Es que no has estudiado?”

Hna. Piedad  me dio gimnasia y algo más. Era fabulosa.

He traído a mi hija a MI colegio por añoranza. No la pude meter en su día porque no hubo plaza. Es mi colegio. No es lo mismo jesuitinas que carmelitas. La forma de educar no es igual. Yo he sido siempre carmelita. Cada colegio tiene lo suyo. Hemos vivido muchas convivencias juntos.  Un día nos fuimos al Valle. También he pasado momentos difíciles de decir: “No quiero volver al colegio”.

Él uniforme me lo hacía mi abuela, camisa blanca y falda marrón. No nos gustaba nada Éramos  mocicas y cuando pasábamos por el instituto nos llamaban cucarachas Cuando nos cambiaron el uniforme ¡Qué emoción! No nos lo quitábamos después de clase. Llevábamos babis. Cuando pusieron la tarjeta de puntos ¡Qué estrés!

Un año fuimos a Orihuela a celebrar el día de la Congregación. Se hacían muchas excursiones.

Teníamos un gran respeto por el colegio, las cosas del colegio. Lo respetábamos todo como si estuviéramos en nuestra casa. Encontraba más cómodo mi pupitre del colegio que el de mi casa. Respetábamos mucho.

En el patio, donde está ahora el jardín había una pista con vestuarios. Nos quitábamos el uniforme y nos poníamos el chándal. El pabellón no existía aún.

Al final del patio, en el ángulo derecho había  una fosa de arena para hacer salto de longitud.

Preparábamos una coreografía para examen en clase de EF. Eso me hacía pensar mucho.

En el mes de mayo todas las tardes bajábamos a la capilla, traíamos flores, la capilla siempre estaba llena de flores. Aprendí oraciones como “Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues sólo en Dios se recrea esta graciosa belleza. A ti, celestial princesa, Virgen Sagrada María te ofrezco en este día alma, vida y corazón, mírame con compasión, no me dejes, Madre mía”. También  me acuerdo mucho del padre Ángel, que celebraba las misas aquí. Me dio la comunión. Agradezco mucho la educación que he recibido en este colegio.

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