Recuerdos de… Remedios Marín Frutos

Nací en 1.930. A los 6 años mi madre, preocupada por mi educación, me llevó con una vecina que nos enseñaba leer y con la que también rezábamos.

Cuando acabó la guerra civil fui al colegio Ntra. Sra. Del Carmen, centro en el que estuve de 1.939 a 1.943 ó 44.

Llevábamos uniforme blanco para estar en clase y, para la calle, uno marrón con cuello blanco y un lazo marrón con lunares blancos, blusa blanca y zapatos marrones.

Durante esta etapa me dieron clase Hna. Providencia por la mañana y Hna. Consejo por la tarde. Como materia escolar contábamos con dos libros: “la Enciclopedia” y un libro llamado “Lectura”, en el que leíamos casi a diario. Aprendíamos de todo un poco, sobretodo cuentas; para escribir teníamos en los pupitres un agujero donde se ponía el tintero, mojábamos el plumín en la tinta y escribíamos con mucho cuidado para que no se manchara el papel.

 

Hna. Providencia era catalana, bajita y tenía el pelo blanco (Le salía por debajo de la toca).En su afán de que aprendiéramos y aprovecháramos el tiempo al máximo, se mostraba estricta en cuanto a la disciplina, animándonos a permanecer en silencio mientras trabajábamos, para lo cual tocaba un timbre que tenía encima de la mesa.

Recuerdo comentarios como “Silencio” o “Silencio sepulcral”, cuando no conseguía que nos callásemos, terminaba, de forma cariñosa, con la expresión ¡Mañacos estos!… Lo cierto y verdad es que hablábamos mucho.

Hna. Consejo, creo que era de la Alberca, nos daba costura por la tarde. Momento del día más distendido y relajado, en el que hacíamos en un paño un muestrario con diversos puntos: Vainica doble, realce (unas cerezas), arenilla… mientras rezábamos el rosario.

Hnas. Trinidad, mayor ya y  Hna. Brígida estaban en la portería y Hna. Sacramento en la clase gratuita, todas ellas dedicadas por completo a nuestra formación académica y humana.

El colegio era grande, nuestra clase se encontraba en el piso de arriba. Era larga, estaba llena de pupitres. Recuerdo con nostalgia a algunas compañeras: Pilar González, Mercedes Marín, que ha muerto, y Vicenta Martínez, también fallecida.

También me acuerdo de otras alumnas que eran amigas mías: Enriqueta Egea, Pilar González Mora, vecina mía y que su prima es religiosa de Villa Pilar, María Colomer que su padre tenía una carbonería cerca de la iglesia del Carmen, Josefina Alcaina Alarcón, diputada, y su prima que se llamaba igual. También Iban a la misma clase, María Guerrero y tres hermanas que vivían enfrente de la puerta del colegio: Margarita, Carmen y Rosarito Izquierdo. Rosarito Izquierdo y Maravillas Rueda eran dos chicas mayores que ayudaban a las hermanas a dar clase. Rosarito, Micaela y Lolita Feliú eran hermanas.

Me sentía muy agusto en mi colegio rodeada de mis queridas compañeras, arropadas siempre por el empeño, cariño y dedicación de las Hnas. Recuerdo que… El último libro que leí era la historia de dos huerfanitos.

Entrábamos por la calle Cartagena, sólo recuerdo una puerta de entrada del colegio,  una hermana nos pasaba a una habitación que era la sala de espera y, cuando tocaba la campana subíamos, siempre en fila, por la escalera: cantando: “Nos llama la campana y dicen las hermanas que debemos estudiar”.

Nuestro patio de recreo era cuadrado, bastante grande, sin árboles y con un huerto alrededor que casi siempre estaba cerrado. De vez en cuando lo abrían y nos permitían pasar.

En ese patio pasábamos momentos muy divertidos; jugábamos a la comba, al escondite, a la Mariola, la coroneja, el pecojo (rayuela), a pillar…”Juegos de aquella época”. Lo pasábamos muy bien.

Recuerdo con cariño nuestras excursiones para las que nos ponían en la cabeza un “gran lazo blanco de seda”. En una de ellas fuimosen un coche a Orihuela una casa que estaba cerca de la carretera. En otra ocasión, fuimos al Valle a visitar una balsa llena de peces de colores en la que nos gustaba asomarnos para poderlos ver.

Y ¡cómo no! Me  acuerdo de la capilla a la que acudíamos con las hermanas para rezar todas juntas el Rosario. Lo rezábamos por la mañana y por la tarde. También rezábamos “De rodillas demos gracias al Señor”, la oración de “Bendita sea tu Pureza”…

En definitiva recuerdos, en momentos difíciles, para toda una vida; llenos de nostalgia y cargados de Amor; siempre vinculados al esfuerzo, al trabajo y la dedicación de las Hnas. por mejorar la formación académica, religiosa y humana de las niñas de la época.

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