Recuerdos de… Milagros Almagro

Comencé a trabajar en el Colegio Santa María del  Carmen en Noviembre   del curso 1976 – 77. Tenía  23 años.

El párroco entonces de Vistabella (donde  yo vivía) me recomendó a la H. Visitación Bas  que era en aquellos momentos la Directora del  recién estrenado colegio, pues  había empezado a funcionar el curso 75 – 76

Mis comienzos fueron unas horas, quiero recordar tres, para sustituir a  la H. Manuela  que trabajaba en el aula que había de maternales se llamaba así  lo que actualmente es infantil de tres años.

El barrio se estaba formando, habían muy pocos edificios,  los dos institutos y algún bloque en construcción; por supuesto, las calles sin asfaltar todavía, o sea, un colegio en plena huerta con sus acequias correspondientes. Al lado había un bar pequeñico, hoy Barraquel, que era del hermano de Antonio Ortiz, jardinero y trabajador del personal no docente, por cierto, un hombre noble y sencillo, ya fallecido, cuyas hijas fueron más tarde alumnas mías, hoy están sus nietos en el cole.

El bar tenía unos bocadillos buenísimos preparados para nosotros en el recreo.

Mi situación laboral no cambió en dos años, ya, la H. Visitación me lo había dicho, el colegio en aquellos años estaba completo pero había perspectivas de trabajo, pues se iban triplicando las aulas.

El ambiente profesional y escolar era muy familiar, muy poco personal docente y no docente, quiero recordar como unos 16 profesores laicos y 5 ó 6 hermanas, además de 5 ó 6 trabajadoras del personal no docente; la asociación de padres con muchas ganas de trabajar y colaborar con el centro, unas expectativas muy buenas….. esto unido a la belleza estética  del centro  y una gran ilusión por trabajar hizo que pronto cogiera  cariño a este colegio.

Y así fue, el tercer curso 78 – 79, ya trabajé con jornada completa, fue en 2º de la  recién estrenada  E.G.B, la ley Villar Palasí, que dio un giro radical a la educación con muchas innovaciones como la coeducación, ya sabemos que el colegio fue pionero en Murcia en esto y otros aspectos que unidos  a su carisma espiritual  le ha valido para tener hasta hoy una buena demanda  de alumnos.

Tenía entonces unos treinta y más alumnos/as de los cuales  sólo 5 o 6 eran niños, algunos  padres todavía no se atrevían a dejar a sus hijos (niños) en un aula con tantas niñas. Recuerdo con especial cariño este curso y  el nombre de alumnos como Juan José Castaño, su primo Rafael, Mª José Almagro, las hermanas Galián Cánovas (Mª Jesús y Begoña)…

El curso siguiente estuve con los mismos alumnos en 3º  y al curso siguiente pasé a Preescolar de 5 años, entonces no habían especialidades en preescolar, pero sí cursos que te daban para obtener el título y así lo hice.

En  estos momentos recuerdo a las hermanas, Amalia que era la superiora de la comunidad y administradora del colegio, H. Eduvigis, daba geografía e historia en la 2ª etapa, la  H. Adela que con su bondad especial cuidaba y vigilaba la entrada del colegio y las plantas, las hermanas Visitación y Manuela; una hermana mayor, que se llamaba Candelaria, María Luisa Checa… había más hermanas pero como eran los primeros años no las termino de recordar.

Estos años fueron también un poco inestables laboralmente pues estábamos pasando por la transición democrática  y la  política educativa estaba cambiando, comenzaban las subvenciones a los colegios que lo solicitaban y que cumplían los requisitos.

Después de este recorrido por preescolar y primaria, siendo directora la hermana Asunción Perelló, pasé a la segunda etapa de  EGB, acababa de terminar la licenciatura en geografía e historia y comencé a  dar clases en sexto, séptimo y octavo; sexto era  equivalente a sexto de primaria , séptimo  y octavo a primero y segundo de la ESO actuales. En estos años, había hermanas dando clases, las hermanas Mari Carmen Aparicio,  Maravillas Manzano, Josefa Gallego, María Teresa Lozano, Consuelo Hernández, María Moreno (que fue la siguiente directora), María Teresa Godoy , Piedad Crouseilles…. No sé si se me olvida alguna más, años más tarde también la H.  Maritza , H. Inmaculada y la  H. Josefina Díaz, que seria la última directora religiosa.

Mi vida como profesional en el Colegio Santa María del Carmen ha estado llena de experiencias y vivencias que me han configurado lo que hoy soy como docente y lo que en un principio comenzó siendo una ilusión propia de los primeros años  ha ido madurando y enriqueciéndose  a través de los medios humanos y materiales que el colegio me ha ofrecido.

Tengo que dar gracias a Dios por haberme dado, primero, la vocación por  la enseñanza y segundo, poder trabajar en un colegio carmelita. El contacto humano, con alumnos, padres, compañeros, hermanas y todos los que integramos el colegio me ha servido para reconocer  mis limitaciones, he aprendido a conocerme un poco más, hemos vivido experiencias muy gratificantes, en  otros momentos  hemos  sufrido… El colegio ha sido una escuela de vida, los   valores carmelitas que he intentado transmitir me han enseñado a valorar cada día más la sencillez como regla necesaria para un buen profesional de la enseñanza.

Por último y no por ser lo menos importante, quiero  agradecer  a las hermanas carmelitas el haber confiado en mí para trabajar en sus centros. Enhorabuena por los cien años dedicados a esta labor.

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