Recuerdos de… Hna. Ana Molina Rebordosa

Estuve en el colegio del 42 (o 41) al 55. No nos daban notas, pero con la preparación que recibí me examiné libre de Ingreso, 1º y 2º de bachiller, aprobando todo.  Cuando vino Hna. Teresa de Miguel y Remedios Chamizo empezaron a darse notas (años 52, 53) Empezaron a exigir títulos y notas. Recuerdo que había las siguientes clases: Párvulos y 1ª, 1 clase 2ª (Hna. Pura y una profesora) y 3ª, otra 4ª (H. Humbelina), otra de 5ª y 6ª (Hna. Teresa de Miguel  siendo postulante y luego Remedios Chamizo vino al año siguiente como postulante). Te podías quedar en el colegio hasta que quisieras. Cumplí allí  los 15 años. Había de 35 a 40 alumnas en cada clase y en los párvulos más.  Por la tarde venía un grupo de chicas a bordar y coser y estábamos en la misma clase, ellas bordaban calladas y nosotras dábamos clase. Un día a la semana teníamos corte, nos lo daba Hna. Celia Gras. Ahí me inicié con 9 ó 10 años y luego fui a una profesora con quien me solté para cortar.

 

Hna. Mª de los Ángeles Badosa, que había sido superiora general, me dio en 4ª clase. Se estudiaba cultura general.

Hna. Angélica Badosa era muy metódica. Mientras hacíamos labores cantábamos cantos religiosos (La sensitiva, batida por las olas de la vida…) nos daba labores y canto. Nos contaba cosas de su vida, de la Congregación. Nunca nombraron el tiempo de la guerra, que ellas lo habían pasado muy mal.

Los textos básicos de estudio eran las enciclopedias. Antes de las de Álvarez hubo otra, creo que se llamaba de Santiago Rodríguez Burgos. El catecismo era el Ripalda. Se le dedicaba mucho tiempo a las labores (2 horas por la tarde) y un día a la semana aprendíamos corte.

De lo que aprendí en el colegio, destacaría la educación en valores: urbanidad,  buenos modales, buen comportamiento, responsabilidad, orden, formación, silencio, sobre todo los tonos al hablar: nos inculcaban hablar bajito. En 6º había 6 u 8 alumnas que compartían aula con las de 5º. Cuando nos daban clase, las de 5º estábamos calladas trabajando y al revés. No puedo recordar un grito por la escalera o carreras… Había mucha disciplina sin nombrarla. Mis padres colaboraban mucho con la educación del colegio: nos hacían llevar el material, cuidaban mucho la limpieza y el orden.

Había un grupito de chicas que queríamos ser religiosas. Los domingos íbamos al colegio, jugábamos y rezábamos con las hermanas vísperas en latín. Hna. Providencia Canadés se quedaba con nosotras. Su hermana era Inocencia, también religiosa. De 15 a 17 años  fui preparando mi marcha al convento.

Recuerdo las clases amplias, mucha limpieza y orden. A nivel de pastoral, celebrábamos mucho el mes de mayo, muy bonito; también hacíamos los primeros viernes, los primeros sábados y misa los domingos. Cuando hacíamos la primera comunión, las hermanas nos llevaban a la procesión del Corpus.

Tuvieron mucha importancia en esa época las representaciones teatrales a finales de mayo. Se montaba un tablao en el patio. Eran muy bonitos los festivales que hacíamos con motivo del santo de la superiora. Fuese quien fuese la superiora, siempre se celebraba a finales de mayo. Comenzamos a dar clase de gimnasia. Venía a darlas una chica un día a la semana

Tuve profesoras muy buenas: Hnas. Providencia Canadell, Teresa de Miguel, Celia Gras Vera…

También recuerdo la misa de los domingos en la iglesia del Carmen a las 8 de la mañana, todas uniformadas, la preparación para la confirmación, que la hacíamos antes de la primera comunión. Las hermanas nos preparaban para ello. En navidad celebrábamos la misa del Gallo en el colegio. Veníamos a cantar y tocar. Los días más significativos de la navidad veníamos a cantar y tocar villancicos. Las hermanas estaban con nosotras. Aún no existía la corte carmelitana. La puso Madre Sofía (por los 60)

Postulábamos para el DOMUND con unas huchas de cinc.

Nos llevaban todos los años de excursión a la Fuensanta y cuando teníamos vocación, nos llevaban un día a Orihuela para estar con las novicias,  o celebrar una profesión….

El  uniforme que llevé era negro con tres pliegues a cada lado delante y espalda lisa, manga con puño y botón. Lo abrochábamos por delante, el cuello blanco, primero con almidón y después de plástico. Calcetines marrones y zapato creo que marrón, si no, negro.

Las hermanas al principio, en los años 20 y 30 no sólo daban clase. También ayudaban a la gente en sus necesidades. Mi abuela, Carmen Estrada frutos, pidió ayuda a las hermanas para cuidar  a mi padre, que por entonces tenía unos 16 años y cayó enfermo. Ellas iban a su casa a cuidarlo.

Durante todo el tiempo que estuve en el colegio no hubo obras ni ningún cambio en el edificio, recuerdo que todo estaba siempre igual: Se entraba por la puerta principal, en aquel tiempo C/ Cartagena nº 26. Entrabas por el pasillo, a la derecha estaba el recibidor, la sala de espera que era portería, un patio estrecho con un aseo al fondo, clase de párvulos y sacristía. En la parte izquierda encontrabas la capilla. Al final del pasillo había una puerta que daba al patio, donde se encontraba, a la derecha, el comedor de las hermanas y la cocina. En el piso de arriba había 3 clases y  la vivienda de las hermanas.

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