Palabras de la Hn. M. Carmen Aparicio, Superiora General, en el Acto de Inauguración del Centenario

Este año celebramos los cien años de presencia en el campo de la Educación Católica, de las Hermanas de la Virgen María del Monte Carmelo en Murcia.

Quisiera hacer un breve recorrido, jalonando los acontecimientos más significativos de nuestra presencia en esta ciudad, desde los inicios. Todo ello me lleva a omitir mucha riqueza, mucha vida, pero esa riqueza, esa vida, es la que ahora palpamos en el presente que todos estamos gozando.

Las fundaciones de los primeros años de nuestra Congregación, especialmente en el primer cuarto del siglo XX, se hicieron a buen ritmo, expresión del crecimiento en miembros de nuestro instituto religioso, que como todos recordamos nació en Caudete en 1891. Dentro de estas primeras fundaciones que se hicieron en vida de Madre Elisea, se encuentra la de nuestro colegio de Murcia.

 

El espíritu que impulsó a Madre Fundadora en la creación de sus obras apostólicas, fue siempre la dedicación a los más necesitados, y se hacían de ordinario, en municipios pequeños, donde las necesidades de todo tipo eran mayores. En este marco se sitúan las fundaciones de los centros educativos: la atención a la infancia más desfavorecida. Abundan en esta época la apertura de centros docentes en pequeños pueblos, donde las hermanas atendían a la educación humana y cristiana de forma armónica y sencilla. Estas fundaciones respondían a una necesidad apremiante y constatada a principios del siglo XX en todo el territorio español: la alta cota de analfabetismo, especialmente en el ámbito femenino.

Por esta razón, y por el deseo de muchas familias de una educación cristiana para sus hijos, llegaban a Madre Elisea numerosas peticiones para que abriera centros educativos. En este marco histórico-social, se llevó a cabo en septiembre de 1913, la fundación del colegio de Murcia, con el nombre “Nuestra Señora del Carmen”.

La petición de “establecerse en la capital de Murcia para ejercer su ministerio de enseñanza”, fue cursada por Madre Fundadora el 20 de agosto de 1913, al Vicario Capitular de Orihuela, cuya diócesis se encontraba en Sede Vacante. En la relación trienal que la Superiora General enviaba a Roma sobre la situación de la Congregación, aparece el 15 de septiembre como fecha de apertura del nuevo colegio, situado en la calle Cartagena, no 16, de esta capital, aunque en las crónicas de la Comunidad Religiosa, consta que se verificó esta fundación en el mes de noviembre. Suponemos que durante ese mes se haría algún acto de apertura oficial o celebración especial, que las hermanas consideraron como fecha de fundación. El proceso de apertura no careció de dificultades, a las que Madre Elisea hizo frente con gran firmeza de ánimo y confianza en Dios.

La vivienda que ocuparon las hermanas y el colegio fue primeramente cedida y posteriormente comprada por la Congregación, a Doña Peregrina Saco, a instancias del sacerdote beneficiario de la Catedral, D. Antonio González Cebrián. Este sacerdote, propuso a la señora, “lo conveniente que sería para el barrio del Carmen, que se instalara en dicha vivienda una comunidad de religiosas, para la educación de niñas pobres. La señora muy gustosa, cedió la casa para dicho fin”.

Como las hermanas carecían de bienes para su manutención, además de una clase gratuita, se abrieron dos más para alumnas de pago, muy modesto. La casa, de escasas dimensiones al principio, se fue ampliando con la compra de otras viviendas colindantes y fueron aumentando los alumnos. En 1924 se compró parte del huerto vecino, propiedad de los hermanos Maristas, y de este modo tener un espacio más adecuado para los recreos de los niños. Los vecinos y las hermanas constataron que en poco tiempo, se produjo un cambio muy positivo en el barrio del Carmen, pues centenares de niñas pasaron por sus aulas, siendo más tarde, excelentes madres de familia y también buen número de ellas, se consagraban a Dios tanto en la vida contemplativa, como en la vida apostólica, incluyendo nuestra Congregación.

Con los años de la República y, concretamente en 1931, las hermanas tuvieron que salir del colegio solo por unos días, no sufriendo ningún deterioro el edificio. Posteriormente, con la Guerra Civil, las clases se interrumpieron hasta 1939. La casa y capilla quedaron destrozadas y nuevamente las hermanas tuvieron que emplearse en acondicionar el colegio y la vivienda religiosa. A medida que van pasando los años, el pequeño centro, se va adaptando a las necesidades educativas del momento, y la Comunidad trabaja con ahínco para obtener las ayudas necesarias, y así poder acoger a todos, especialmente a aquellas familias de escasos recursos. Las crónicas de la comunidad nos señalan que en 1951 tienen cerca de 300 niñas en sus aulas.

Hemos de resaltar que en el mes de octubre de 1962, las hermanas abren en el mismo edificio, pero en pabellón aparte, una Residencia Universitaria para chicas, ya que en sus diferentes pueblos y ciudades no tenían oportunidad de cursar estudios superiores.

En el año 1970, el entonces Ministerio de Educación, aprobó para nuestro centro el poder impartir la docencia según la nueva ley, llamada de “Educación General Básica” (EGB). Como vemos la Congregación siempre ha estado atenta a las necesidades educativas de niños y jóvenes y dispuesta a adaptarse a las exigencias de los tiempos.

Debido al nuevo Plan Urbanístico de la ciudad de Murcia, en 1972, se expropia nuestro edificio y huerto de la calle Cartagena y la Congregación adquirió unos terrenos cercanos a la carretera de Algezares, para construir el nuevo centro educativo, cuya dirección en ese momento era “Carril de la Farola” s/no. El 5 de junio de 1975, el Sr. Obispo de esta Diócesis de Cartagena, D. Miguel Roca Cabanellas, autorizó la reserva Eucarística, y el nuevo Colegio ya comenzó a funcionar en ese año con el nombre de “Santa María del Carmen”.

Durante esta nueva etapa, tanto la planta física del nuevo edificio como la actividad educativa, mejoró notablemente, siendo un centro modelo en esta capital, tanto por la calidad de los servicios educativos que ofrecía, como por las instalaciones de vanguardia de las que disponía.
Durante los 37 años que el colegio funciona en este lugar, se han producido notables mejoras en todos los ámbitos, ofreciendo a las familias que confían en nuestro Proyecto Educativo, lo mejor de nosotros mismos y dotando al centro de las últimas tecnologías y avances en el campo de la educación.

Finalmente, quiero subrayar, lo más importante, la calidad humana y cristiana de las personas, que juntamente con las hermanas, han hecho y hacen posible que hoy estemos aquí: nuestros profesores – los que están y los que han pasado -, padres de alumnos, nuestros queridos niños y jóvenes, y todo el personal que colabora con nosotras en diferentes funciones. Sin su
participación activa y sin su confianza, no sería posible este servicio a la educación católica, que tanto en sus inicios, como hoy, después de cien años, queremos seguir ofreciendo en esta querida y acogedora ciudad de Murcia y que es nuestra razón de ser y estar.

Hoy damos gracias a Dios, porque no solo ofrecemos una calidad muy alta de educación integral a nuestros alumnos, sino que el Colegio y la Comunidad Educativa está presente en muchas actividades pastorales que siguen enriqueciendo nuestra Misión: colaboración parroquial, JUCAR, Laicado Carmelita, Karit… y otras innumerables tareas en comunión con la Iglesia.
Gracias muy especiales a los padres de nuestros alumnos por la confianza que han tenido y siguen teniendo al ofrecernos su tesoro más preciado: sus hijos. Con ellos colaboramos en su formación y queremos reiterarles nuestra disponibilidad para seguir trabajando siempre en la misma dirección.

Gracias a tantas hermanas que han pasado y entregado su vida, convencidas de que este estilo de Educación Carmelita, merece la pena. Gracias a la Comunidad de religiosas que hoy sigue en la brecha y que no escatima esfuerzos en el servicio y fidelidad en la misión encomendada.
Gracias a nuestros profesores, que con su entrega, asimilación y transmisión de los valores carmelitas que nos son propios, hacen posible cada día, esta misión compartida que la Iglesia y la Congregación nos ha confiado.

Igualmente nuestra acción de gracias va dirigida a tantos sacerdotes y laicos que con su donación y profesionalidad, nos han ayudado a mantener viva nuestra entrega.

No queremos olvidarnos de las autoridades eclesiásticas y civiles de esta ciudad de Murcia, que siempre y en todo momento han valorado y han facilitado nuestra presencia en el ámbito de la educación; y, ¡cómo no! de todos los murcianos que en todo momento nos han arropado con su acogida calurosa, cariño y apoyo.

Finalmente, a todos los que en esta tarde compartís con nosotros la alegría de la apertura de este Centenario: ¡¡MUCHAS GRACIAS!!

Ma del Carmen Aparicio Personal, H.Carm

Superiora General

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